Adherencias balanoprepuciales: qué debo saber

Adherencias balanoprepuciales: qué debo saber

Las adherencias balanoprepuciales en niños son la causa de muchas consultas al pediatra o urólogo infantil, ya que puede confundirse con la fimosis, pero en este caso, en la mayoría, no necesitarán tratamiento.

¿A qué nos referimos?

Se refiere a la unión natural entre el glande y el prepucio, la piel que cubre la punta del pene. En algunos casos, estos tejidos pueden tardar más de lo esperado en separarse causando inquietud.

El despegamiento de las adherencias balanoprepuciales es un proceso fisiológico y por tanto tiende a resolverse. Solo unos cuantos casos deriva en fimosis y requiere realizar la circuncisión en un porcentaje muy bajo de individuos.

¿Es lo mismo tener adherencias que tener fimosis?

Durante los primeros años de vida que un niño tenga fimosis es normal. Con el propio crecimiento del pene y las erecciones que suelen tener durante la infancia, la piel del prepucio gana en elasticidad por sí sola de tal forma que, al alcanzar los 5 años, la mayoría de los niños pueden retraer el prepucio dejando el glande al descubierto sin esfuerzo.

Sin embargo, muchos de estos niños que no tienen fimosis tienen pegado el prepucio al glande en lo que conocemos como adherencias. Éstas pueden impedir la retracción total del prepucio por lo que puede confundir a los padres con fimosis, pero no lo son, ya que una vez que se despeguen el prepucio estará libre y permitirá su retracción.

Y es importante tener clara esta diferencia ya que, prácticamente la mayoría de las adherencias se solucionan solas antes de la pubertad, por lo que no es necesario realizar ningún tipo de tratamiento.

¿Qué debemos conocer de las adherencias balanoprepuciales?

Prácticamente todos los niños nacen con las mucosas del glande (cabeza del pene) y del prepucio (piel que cubre el glande) pegadas. Esta situación es normal y se conoce con el nombre de adherencia balanoprepucial, adherencia prepucial o también sinequia balanoprepucial.

A los 4-5 años el 80-90% de los niños pueden realizar la retracción del prepucio por completo. Pero en un porcentaje pequeño de niños, este proceso es más lento o no se completa de forma espontánea.

Lo más habitual es que las adherencias balanoprepuciales en niños vayan desapareciendo poco a poco.

Este despegamiento entre glande y prepucio tiene una serie características que son normales como:

  • Las adherencias balanoprepuciales no siempre son simétricas. Podemos ver en su evolución que unas veces se despega más de un lado que de otro.
  • Con frecuencia, este proceso evoluciona a rachas. Pueden pasar un tiempo sin que el despegamiento evolucione y se quede como estancado, y de repente la adherencia balanoprepucial desaparezca de una zona de golpe.
  • En ocasiones, se acumulan células y grasa dando lugar a los quistes de esmegma, que son pequeños bultos de color perlado o blanquecino que se observan por debajo del prepucio. Con el tiempo, pueden aflorar por el borde mismo de unión del grande y prepucio, siendo en ocasiones confundidas por los padres por pus, pero en este caso, el niño no sentirá dolor ni molestias.
  • Cada vez que se produce un despegamiento entre el glande y el prepucio quedan al descubierto porciones de glande, sin mucosa. Estas zonas tienen un aspecto rojo vinoso por carecer de mucosa, pero en el curso de una semana se va tapizando de mucosa y adquiriendo un color rosa normal.

¿Es necesario tratamiento para las adherencias?

Las adherencias balanoprepuciales en niños no precisan tratamiento en la gran mayoría de las ocasiones. Su evolución natural es ir despegándose de forma progresiva.

Este proceso fisiológico, en el que la piel pegada al glande se va despegando, se va produciendo principalmente por 3 razones:

  • El propio crecimiento del pene.
  • Las erecciones que se producen espontáneamente y tiran del prepucio hacia atrás.
  • La secreción de una especie de lubricante y de esmegma que van separando el plano de unión entre el prepucio y el glande.

¿Qué debemos o no debemos hacer para ayudar al despegamiento?

Cuando a partir de los 5 años las adherencias balanoprepuciales en el niño se mantienen, podemos ayudar a que progrese el despegamiento. En estos casos es muy importante no hacer daño al niño.

Lo que NO debemos hacer:

Los tirones intensos o con exceso de fuerza pueden provocar grietas en el prepucio. Estas grietas, al cicatrizar, hacen que el anillo forme pequeñas cicatrices que restan elasticidad al prepucio y empeoran la situación. Esto puede incluso provocar fimosis, lo que obligaría a practicar una operación de circuncisión. Para ayudar a retraer el prepucio no es necesario forzar ni hacer daño.

Lo que SI podemos hacer para ayudar:

  • Higiene cuidadosa del niño bajando la piel del prepucio hasta donde se pueda.  Limpiar el glande y el prepucio con suavidad, con agua y jabón, para eliminar los restos de suciedad y de secreciones que pueda tener. Secar, así mismo, con cuidado.
  • Motivar al niñopara que sea él mismo quien tire del prepucio hacia atrás para ayudar en este proceso. El padre puede motivarlo mostrándole a su hijo cómo el también retrae su prepucio para la higiene en la ducha.

¿Y si no mejora?

  • Si el proceso no progresa o evoluciona a fimosis tu pediatra valorará el uso de cremas con corticoides, en caso de ser necesarias. Esto ayudará al adelgazamiento y despegamiento de la zona, siendo importante seguir realizando al mismo los movimientos de prepucio hacia atrás sin forzar.
  • Si se presenta una balanitis (inflamación del glande) puede ser necesario alguna crema antiinflamatoria y/o antibiótica, previa valoración por tu pediatra, con una pauta habitual de 7-10 días. En ese momento dejaremos de traccionar hacia atrás hasta que transcurran 3-4 días que este mejor. A partir de ese momento se podrán iniciar de nuevo las maniobras de tracción para despegamiento de forma suave y sin forzar, parando si el niño tiene dolor.
  • En pocos casos las adherencias balanoprepuciales en niños derivan en fimosis, lo que requerirá circuncisión si no ha mejorado con las pautas previas.

Y recuerda siempre ante la duda consultar con tu pediatra, para que pueda hacer una correcta valoración, así como indicarte el tratamiento o recomendaciones más indicadas.

Además, te recomendamos no olvidarte de la importancia de las revisiones del niño sano, destinadas a detectar lo antes posible situaciones que hayan podido pasar desapercibidas para los padres.

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