La espirometría en niños es una prueba sencilla, indolora y no invasiva que permite estudiar cómo funcionan los pulmones. Mediante esta prueba podemos medir la cantidad de aire que un niño es capaz de expulsar y la velocidad a la que lo hace, obteniendo información muy útil sobre su función pulmonar.
En Pediatría, la espirometría tiene especial importancia en el diagnóstico y seguimiento del asma infantil, aunque también puede ayudarnos a estudiar otros síntomas respiratorios como la tos persistente, la sensación de falta de aire o las dificultades respiratorias relacionadas con el ejercicio.
Una de las dudas más frecuentes de las familias es cómo se realiza esta prueba y, sobre todo, si un niño será capaz de hacerla correctamente. En este artículo explicamos qué es una espirometría, a partir de qué edad puede realizarse, cómo debemos preparar al niño y cuándo puede estar indicada.
¿Qué es una espirometría y para qué sirve en los niños?
La espirometría es una prueba que permite estudiar la función pulmonar midiendo diferentes parámetros relacionados con el aire que entra y sale de los pulmones.
Para realizarla utilizamos un aparato denominado espirómetro. El niño debe respirar y soplar a través de una boquilla conectada al equipo siguiendo las instrucciones que le va dando el profesional sanitario.
En la práctica pediátrica utilizamos habitualmente la espirometría forzada. El niño realiza una inspiración profunda hasta llenar sus pulmones y, posteriormente, expulsa todo el aire con la mayor fuerza y rapidez posibles hasta vaciarlos.
¿Por qué resulta útil esta información?
En algunas enfermedades respiratorias, como el asma, las vías respiratorias pueden estrecharse y dificultar la salida del aire. La espirometría permite valorar objetivamente cómo está funcionando el sistema respiratorio y detectar determinadas alteraciones del flujo de aire.
Por este motivo, no debemos entenderla como una prueba aislada: sus resultados se interpretan junto con los síntomas del niño, sus antecedentes y la exploración realizada por el pediatra.
En nuestra Consulta de Pediatría General tenemos años de experiencia con este procedimiento, y os atenderemos con la mayor comprensión y profesionalidad para encontrar las mejores soluciones.
¿A partir de qué edad se puede hacer una espirometría a un niño?
Esta es una de las preguntas más habituales cuando recomendamos realizar una espirometría infantil.
A diferencia de otras pruebas, para obtener resultados fiables necesitamos que el niño participe activamente. Debe entender qué tiene que hacer y ser capaz de inspirar y expulsar el aire siguiendo unas instrucciones concretas.
Por este motivo, generalmente podemos realizar una espirometría correctamente a partir de los 5-6 años, aunque la edad no es el único criterio. Algunos niños más pequeños pueden ser capaces de colaborar adecuadamente y otros pueden necesitar algo más de tiempo.
Antes de comenzar, explicaremos al niño la maniobra de una forma adaptada a su edad y podemos practicarla previamente para asegurarnos de que ha comprendido lo que tiene que hacer.
Esto es importante porque no basta con obtener unos valores en el espirómetro. También debemos comprobar que las maniobras se han realizado correctamente para poder considerar fiables e interpretar los resultados.
¿Cómo se realiza una espirometría en niños?
La espirometría es una prueba relativamente rápida y sencilla, pero requiere seguir correctamente una serie de pasos.
Antes de empezar se registrarán datos como la edad, el sexo, el peso y la talla del niño, ya que los resultados obtenidos deben compararse con valores de referencia adecuados a sus características.
A continuación explicaremos y, si es necesario, practicaremos la maniobra.
El niño se sentará con la espalda recta y colocará la boquilla del espirómetro dentro de la boca, cerrando correctamente los labios alrededor de ella para evitar que se escape el aire. En algunos casos puede utilizarse una pinza nasal.
Después deberá realizar las inspiraciones y espiraciones que le indiquemos. En una espirometría forzada, se le pedirá que llene completamente los pulmones y después expulse el aire con fuerza, rapidez y de forma mantenida.
La maniobra se repetirá varias veces, habitualmente al menos tres, para comprobar que obtenemos resultados consistentes y técnicamente adecuados.
Si durante alguno de los intentos el niño tose, no sella correctamente la boquilla, deja escapar aire o no realiza todo el esfuerzo necesario, podemos necesitar repetirlo.
Por eso es importante tranquilizar al niño. La espirometría no duele y nuestra función será acompañarlo y explicarle en cada momento lo que tiene que hacer.
¿Cómo preparar a un niño para una espirometría?
La preparación para una prueba de espirometría es sencilla, pero existen algunas recomendaciones que pueden ayudar a que los resultados sean lo más fiables posible.
El niño no necesita acudir en ayunas. No obstante, es conveniente evitar las comidas muy abundantes inmediatamente antes de la prueba, así como aquellas circunstancias que puedan dificultarle realizar cómodamente las maniobras respiratorias.
También es recomendable evitar el ejercicio físico intenso poco antes de la exploración y acudir con ropa cómoda que no comprima excesivamente el tórax o el abdomen.
¿Hay que suspender la medicación antes de una espirometría?
Este punto merece especial atención.
Algunos medicamentos, especialmente determinados broncodilatadores, pueden modificar los resultados de una espirometría. El tiempo durante el cual puede ser necesario evitarlos dependerá del medicamento utilizado y del objetivo de la prueba.
Por eso, no debemos suspender por nuestra cuenta la medicación habitual del niño.
Será el pediatra o el profesional que haya solicitado la espirometría quien indique si debe suspenderse algún medicamento y durante cuánto tiempo.
También debemos comunicar si el niño ha necesitado tomar alguna medicación fuera de lo habitual o si ese día se encuentra enfermo, ya que puede ser necesario tenerlo en cuenta a la hora de realizar o interpretar la prueba.
¿Cuándo está indicada una espirometría en niños?
Una de las principales indicaciones de la espirometría en Pediatría es el estudio de niños en los que existe una posible enfermedad respiratoria, especialmente cuando sospechamos asma infantil.
El pediatra puede valorar la realización de una espirometría ante situaciones como:
- tos persistente o recurrente;
- episodios repetidos de dificultad respiratoria;
- sensación de falta de aire;
- síntomas respiratorios relacionados con el ejercicio;
- episodios recurrentes que han requerido broncodilatadores;
- sospecha de asma;
- seguimiento de un niño previamente diagnosticado de asma.
La necesidad de realizarla dependerá siempre de la historia clínica y de las características de cada niño.
La espirometría también puede utilizarse periódicamente para controlar la función pulmonar de niños con determinadas enfermedades respiratorias y comprobar su evolución o respuesta al tratamiento.
Espirometría y asma infantil: ¿qué información proporciona?
La espirometría en niños con asma es especialmente útil porque permite obtener información objetiva sobre el funcionamiento de las vías respiratorias.
En el asma puede existir una obstrucción que dificulte la salida del aire de los pulmones. Mediante los parámetros obtenidos en la espirometría podemos valorar si existe un patrón compatible con esa obstrucción y utilizar esa información junto con el resto de la valoración clínica.
Cuando existe sospecha de asma, en determinadas ocasiones podemos realizar una prueba broncodilatadora.
Primero se realiza una espirometría basal. Posteriormente se administra un medicamento broncodilatador y, transcurrido el tiempo indicado, se repite la prueba.
De esta manera podemos comparar ambos resultados y comprobar si la función pulmonar mejora después del broncodilatador.
En aquellos niños que presentan síntomas principalmente al practicar deporte también pueden ser necesarias pruebas específicas para estudiar la posible relación entre asma y ejercicio.
¿Una espirometría normal descarta que mi hijo tenga asma?
No necesariamente.
El asma es una enfermedad variable y un niño puede presentar una función pulmonar normal en determinados momentos, especialmente cuando se encuentra asintomático.
Por ello, una espirometría normal por sí sola no siempre permite descartar el asma infantil.
El diagnóstico debe realizarse teniendo en cuenta el conjunto de la información disponible: síntomas, antecedentes, exploración física, evolución y resultados de las diferentes pruebas que puedan estar indicadas.
¿Es dolorosa o peligrosa la espirometría en niños?
No. La espirometría es una prueba indolora y no invasiva y, en general, resulta segura para los niños.
Lo que sí requiere es esfuerzo. Al tener que inspirar profundamente y expulsar repetidamente todo el aire, algunos niños pueden experimentar momentáneamente mareo, tos o sensación de falta de aire. Habitualmente son molestias leves y transitorias.
Existen determinadas situaciones en las que el profesional puede decidir posponer la prueba o valorar individualmente su realización, por ejemplo, si el niño presenta en ese momento un problema respiratorio importante, determinadas infecciones o enfermedades, una intervención quirúrgica reciente o no puede colaborar adecuadamente.
Por ello, antes de realizar una espirometría debemos informar al profesional sanitario sobre el estado de salud actual del niño, enfermedades previas y medicación que está tomando.
La espirometría, una prueba muy útil para valorar la función pulmonar de los niños
La espirometría en niños es una prueba sencilla que proporciona información muy valiosa sobre la función pulmonar y tiene un papel especialmente relevante en el diagnóstico y seguimiento del asma infantil.
Aunque realizarla correctamente requiere cierta colaboración por parte del niño, a partir de aproximadamente los 5-6 años muchos niños pueden completar la prueba sin dificultad si previamente les explicamos y practicamos la maniobra.
Si tu hijo presenta tos persistente, dificultad para respirar, sensación de falta de aire, síntomas respiratorios durante el ejercicio o episodios recurrentes que requieren broncodilatadores, consulta con su pediatra. Tras valorar su historia clínica y realizar la exploración correspondiente podremos determinar si es necesario estudiar su función pulmonar mediante una espirometría u otras pruebas.
Preguntas frecuentes sobre la espirometría en niños
¿A partir de qué edad se puede hacer una espirometría a un niño?
¿Cómo se hace una espirometría en niños?
¿Para qué sirve la espirometría en niños con asma?
¿Hay que estar en ayunas para hacer una espirometría?
¿Una espirometría normal descarta el asma infantil?
¿Tienes dudas sobre la salud respiratoria de tu hijo?
La tos frecuente, la dificultad para respirar, los pitidos en el pecho o la aparición de síntomas durante el ejercicio son motivos habituales de consulta en Pediatría. En algunos casos, realizar una espirometría en niños puede ayudarnos a conocer mejor cómo están funcionando sus pulmones y orientar el diagnóstico y seguimiento de problemas como el asma infantil.
Si has observado alguno de estos síntomas en tu hijo o tienes dudas sobre su salud respiratoria, lo más adecuado es realizar una valoración individualizada. Cada niño es diferente y será el pediatra quien determine, tras conocer sus síntomas y antecedentes, si está indicado realizar una espirometría u otras pruebas.
En Clínica Pediátrica Pilar Infante podemos valorar su caso, resolver vuestras dudas y determinar qué estudio puede ser necesario.
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