Debemos de saber que la OMS recomienda no exponer a pantallas (televisión, tabletas, móviles…) a los niños menores de 2 años, entre los 2 y los 5 años no exponerlos más de una hora al día y entre los 5 y los 17 años no más de dos horas al día, todo esto sin hacer excepciones, incluso si es fin de semana.

¿Por qué debemos tener cuidado con el uso de las pantallas en los niños?

Porque al exponer a nuestros hijos/as a las pantallas estamos incentivando el sedentarismo, desórdenes de sueño, el empobrecimiento de las relaciones sociales y personales, dificultad de aprendizaje, peores resultados académicos y, además, los niños más pequeños con mucha exposición a pantallas tienen menor estimulación cognitiva.

Es normal que durante el verano seamos un poco más permisivos, sin embargo, este tiempo no debería ocupar la mayor parte de su día. Y, sobre todo, durante el curso escolar, debemos tener claro los limites de uso que vamos a implementar para que esto no afecte a su vida académica y social.

A continuación, te damos una serie de consejos para limitar el uso de las pantallas:

  1. PREDICA CON EL EJEMPLO:

    Si nosotros realizamos el esfuerzo de usar menos los dispositivos electrónicos, facilitaremos que estén menos presentes en casa. Si queremos que los niños hagan otras cosas distintas, tendremos que reducir el tiempo con el móvil, ya que, si no, será muy difícil competir con las pantallas en cuanto a atención se refiere.

  2. EXPLICA LA SITUACIÓN:

    Si un día decidimos de repente reducir el uso de pantallas en niños y adolescentes, es muy probable que en casa se interprete como un castigo. Una posible manera de introducir el tema es expresarle nuestra preocupación por el uso excesivo de pantallas que estamos haciendo en casa, todos, no solo él o ella. Y nuestro deseo de reducir este uso para poder hacer otras cosas

  3. LLEGA A UN ACUERDO:

    Una muy buena manera de facilitar que los niños y adolescentes cumplan los acuerdos a los que se llega en casa, es tenerles en cuenta a la hora de realizarlos. Preguntarles en qué momentos podríamos reducir el uso del móvil, la tele o la tablet, qué les gustaría hacer en lugar de usar las pantallas, qué actividades no quieren perderse con los dispositivos electrónicos y que podemos aceptar…

  4. REDUCE SU USO DE MANERA PAULATINA

    : Realizar cambios de manera gradual y asegurando que lo podamos cumplir es fundamental para asegurarse el éxito y evitar los conflictos en casa y conseguir así reducir el uso de pantallas en niños y adolescentes. Por ejemplo, un acuerdo al que podemos llegar, es que, durante las comidas y cenas, no utilizamos móviles ni tele.

  5. LOS CAMBIOS NECESITAN TIEMPO:

    Cuando lleguemos a un acuerdo, tendremos que estar seguros de que lo consolidamos antes de pasar al siguiente. No basta con cumplirlo solo una semana o cuando nos venga bien, ya que entonces no habremos instaurado dicho cambio. 

  6. ADAPTA SEGÚN LA EDAD:

    No es lo mismo que un niño de 2 años no sepa entretenerse si no tiene la tablet, a que un adolescente use el móvil habitualmente. Nuestra recomendación es que hasta los 5 años se evite por completo el uso de pantallas. Sabemos en que la sociedad actual llegar hasta esa edad sin el uso de la tecnología es prácticamente imposible, pero muchos de los actuales problemas de atención, concentración y control de impulsos vienen derivados de una exposición temprana a pantallas. A partir de ahí podremos ir aumentando de manera gradual el uso de pantallas, aunque no sería recomendable en ningún caso superar las dos horas de exposición, tampoco en adultos. 

  7. CREA RUTINAS Y HORARIOS:

    Una de las grandes preocupaciones asociadas a las pantallas es que influyen en horarios y rutinas. Es habitual que los niños quieran retrasar su hora de irse a dormir por el uso del móvil o la Play. Pueden desregular sus horarios de comida o dejar de hacer otras actividades importantes, tales como salir con sus amigos, mantener una correcta higiene o hacer deporte. Mantener unos horarios regulares que se mantengan de manera relativamente estable ayudará a que el uso de las pantallas no lo domine todo. No se trata de cumplir con un horario asfixiante o inamovible, si no de mantener unas rutinas en los horarios referentes a sueño, comidas, deporte, estudio o higiene que permitan que el resto de uso.

  8. NO PERMITAS USAR EL MOVIL U OTRO DISPOSITIVO ELECTRONICO MIENTRAS SE ESTA REALIZANDO OTRA ACTIVIDAD:

    Realizar solo una tarea cada vez, poniendo nuestra atención y conciencia en ella, haciendo que el uso del móvil o de las pantallas no sea el centro de atención. 

  9. PLANTEA ACTIVIDADES INTERESANTES COMO ALTERNATIVA:

    Aquí la clave está en conocer bien a nuestros niños y niñas, ofrecer alternativas interesantes teniendo en cuenta sus gustos y preferencias. Hasta los 11 ó 12 años, nuestra atención y dedicación exclusiva suele ser lo que más les gusta. Un niño apagará la televisión mucho más contento si lo hace para tener un ratito de calidad con su madre o padre haciendo algo que le gusta, como jugar al fútbol, disfrazarse o hacer una manualidad.

  10. EVITA LAS PANTALLLAS 90MIN ANTES DE IRSE A DORMIR:

    ver pantallas antes de dormir reduce la cantidad de melatonina, la hormona responsable del sueño, algo que también afecta a los adultos. Para garantizar una noche de descanso para tus hijos, evita que continúe pegado a una pantalla 90 minutos antes de irse a la cama.

¿Y QUE PASA CON LOS ADOLESCENTES?

Los/as adolescentes se encuentran en un momento de muchos cambios a nivel personal, con su búsqueda de identidad en su grupo de amigos, una separación simbólica y en muchas ocasiones real de su núcleo familiar, además de cambios hormonales y corporales que les afectan en muchos niveles, etc.

Los amigos pasan a ser su grupo de referencia y habitualmente desean compartir más tiempo con ellos que con la familia. Esto forma parte de un proceso normal en la creación de su identidad.

uso de pantallas

Existen otras características habituales en la adolescencia, que, si bien no se dan en todos los jóvenes, si aparecen con relativa frecuencia, como el deseo de acostarse tarde por la noche y por la mañana dormir hasta tarde, una “pereza vital” que haga que les cueste mucho esfuerzo mental llevar a cabo actividades y tareas…

Cuando no están con los amigos, en casa, es habitual que se encierren en sus dos refugios, el móvil y su habitación.

 

Todas las recomendaciones planteadas anteriormente tienen la misma validez para los adolescentes y se pueden plantear de igual manera. Pero hay aparte unas cuestiones relevantes en esta edad que tenemos que tener en cuenta:

  1. RIESGO DE LOS JUEGOS ONLINE: En esta edad aparece el riesgo de tener que lidiar de una manera responsable con los juegos en los que pueden invertir dinero, las apuestas deportivas, los juegos de azar, etc. Es necesario que hablemos con nuestros hijos de los riesgos que entraña el juego, de una manera real. Sin asustarles de manera desproporcionada, ya que esto suele tener un efecto contrario, pero si exponiéndoles los peligros y riesgos que conllevan los juegos de azar y apuestas.
  2. RIESGO DE RELACIONES CON PERSONAS DESCONOCIDAS: igualmente hay que advertir y enseñar a nuestros hijos que no deben dar información personal o íntima a personas desconocidas. 
  3. RIESGO DE ACCESO A PAGINAS CON CONTENIDO NO ADECUADO PARA SU EDAD: Recuerda que no todo el contenido en línea es apropiado para todos los miembros de la familia. Internet es un lugar en el que el control se hace prácticamente imposible, pudiendo ser de ayuda las aplicaciones parentales, así como un adecuado antivirus y firewall en sus dispositivos, pero, sobre todo, hablando con ellos y educándolos desde pequeños en el uso de estos dispositivos.

 

Por otro lado, tendremos que recordar que los tiempos han cambiado y que ahora podemos realizar muchas actividades diferentes con un mismo dispositivo.

En la actualidad con el mismo móvil podemos escuchar música, ver videos, leer noticias, tomar fotos, hablar con nuestros amigos, etc. Lo realmente importante no solo es cuánto tiempo pasan nuestros hijos adolescentes con el móvil, si no lo que hacen mientras lo utilizan. Para ello, haber construido durante su infancia una relación basada en la confianza y el respeto mutuo será imprescindible para que cuando sean mayores podamos hablar con ellos de manera abierta y sin secretos, lo que nos permitirá plantearles nuestras preocupaciones y que ellos compartan las suyas.

 

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